Dao drumming según el DdC...

El Dao Drumming es una práctica que integra ritmo, movimiento y conciencia corporal desde una mirada inspirada en la filosofía oriental. Como resultado de mi investigación, su esencia se nutre del Dao (Tao) como principio de armonía universal, donde todo fluye en equilibrio dinámico. En este enfoque, el cuerpo se convierte en instrumento y canal, permitiendo que el ritmo no solo se escuche, sino que también se habite.
Esta disciplina encuentra un fuerte vínculo con el Tai Chi, especialmente en su búsqueda de fluidez, presencia y conexión entre respiración y movimiento. Al igual que en el Tai Chi, cada gesto en el Dao Drumming surge de la relajación activa y la coordinación interna, evitando la rigidez y promoviendo un estado de atención plena.


Asimismo, el Dao Drumming se inspira en el concepto de Wu Xing (los cinco elementos: madera, fuego, tierra, metal y agua), entendiendo el ritmo como una manifestación de estos ciclos naturales. Cada patrón rítmico y cada dinámica corporal pueden asociarse a cualidades específicas de los elementos, generando una experiencia integral que conecta lo físico, lo emocional y lo energético.
De este modo, el Dao Drumming no es solo una práctica musical o corporal, sino un camino de exploración interna, donde el ritmo se transforma en un puente entre la naturaleza, el cuerpo y la conciencia.


Boleadoras Grooveras (Drumming extremo para bateristas gauchitos).

 

La presente ejercitación propone un cruce entre lo tradicional y lo contemporáneo para trasladarlo a un lenguaje moderno basado en la superposición métrica. Construida sobre la polirritmia 4 contra 3, conviven dos pulsos simultáneos que generan tensión constante entre estabilidad y desplazamiento. Esta dualidad no debe ser percibida como un conflicto, sino como un diálogo: mientras una estructura sostiene el flujo, la otra lo desafía, creando un groove dinámico, cambiante y orgánico. El resultado es una textura que oscila entre lo hipnótico y lo terrenal, combinando precisión técnica con una fuerte impronta expresiva. La intención es que no solo represente un ejercicio de coordinación, sino una exploración sonora donde tradición y modernidad se entrelazan, invitando a escuchar y sentir el pulso desde dos dimensiones simultáneas.

Por eso, en el sondeo de una ejercitación acorde a mis intereses procurando un balance entre Horacio “El Negro” Hernández con su inamovible clave en pie izquierdo, mi experiencia estudiando el “New Breed II” y otras influencias, “descubrí” que la incorporación de la polírritmia sobre este escenario “folklórico”, representa un auténtico desafío en materia de concentración, interpretación y relación con el instrumento. En este plano buscamos el "groove" con una sensación rítmica fluida, integrando el tambor sobre un ostinato de ride, bombo y hi hat para crear patrones únicos con musicalidad. Reservado para estudiantes disciplinados, pacientes y entusiastas, “Boleadoras Grooveras” exige el ajuste micrométrico de nuestras capacidades cuyos resultados son siempre positivos. El abordaje sobre este tema es similar a la tarea de un equilibrista que al caminar por la cuerda, necesita saber absolutamente todo sobre altura, espacio y dimensión para no trastabillar en nuestra labor…


Colaboración: $ 5.000.-


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Polirritmias elementales.

 

La polirritmia es una de las formas más ricas y complejas de organización del tiempo en la música. Se basa en la convivencia simultánea de diferentes estructuras rítmicas que, aunque comparten un mismo marco temporal, responden a lógicas internas distintas. Esta superposición genera una tensión particular entre unidad y diversidad, donde el pulso deja de percibirse como una única referencia fija para transformarse en un campo de múltiples interpretaciones posibles. Lejos de ser un recurso meramente técnico, la polirritmia implica una manera diferente de concebir el ritmo. Invita a desarrollar una escucha más amplia, capaz de integrar capas independientes sin perder la noción de conjunto. En este sentido, no solo desafía la coordinación física, sino también la percepción, obligando al intérprete a habitar simultáneamente más de un plano temporal. Su valor expresivo radica en esa inestabilidad controlada que produce: una sensación de movimiento constante, de desplazamiento interno, donde el equilibrio nunca es estático. Esto aporta profundidad, dinamismo y una cualidad casi orgánica al discurso musical. A nivel interpretativo, trabajar la polirritmia fortalece la independencia, la precisión y la conciencia del pulso, pero sobre todo amplía el horizonte creativo. Permite romper con la linealidad y explorar nuevas formas de interacción rítmica, donde el tiempo se vuelve un elemento flexible, maleable y abierto a múltiples lecturas.

Por eso, uno de los desafíos más interesantes que un músico puede experimentar es el desarrollo y dominio de estos elementos. Con origen en la vida cotidiana del hombre tribal africano al conjugar canto, danza y tambores, es por carácter hereditario, el pilar rítmico de la cultura afroamericana. Dichas formas han cautivado el interés de compositores y arregladores sin diferenciar géneros ni épocas. La polirritmia definida como “dos o más ritmos que pueden interpretarse simultáneamente” constituye una descripción algo incompleta que origina interpretaciones erradas. Por ejemplo, músicos jóvenes suelen relacionarla con la capacidad de realizar diferentes acciones con cada extremidad. En el ámbito profesional y conforme a su función, las formas originadas en la polirritmia reciben distintos nombres como Desplazamiento rítmico (Rhythmic displacement), Ritmos cruzados (Cross rhythms), Ritmos superpuestos (Superimposed rhythms), y Modulaciones métricas (Metric modulations). Aquí analizaremos algunas de sus fórmulas principales, pero dada la amplitud y densidad temática, es necesario reformular la definición del término:

Polirritmia es una relación matemática que permite a dos (o más) ritmos de distinta naturaleza (pares e impares, regulares e irregulares) ser interpretados simultáneamente sobre un mismo espacio de tiempo. Dicha integración es posible por la subdivisión que comparten ambas fracciones.

El radio polirritmico que indica la cantidad de elementos a combinar. Por la multiplicación de sus cifras obtenemos la subdivisión compartida, como así también, el modo o método para reagrupar las figuras que posibilitarán la inserción del grupo artificial. La fórmula adoptada por el DdC para descifrar los radios polirritmicos consta de 5 pasos:



Neil Peart (Transcripciones)

Neil Peart (1953 - 2020).

Hablar de Neil Peart es, para mí, hablar de un punto de inflexión. Si en otros casos la conexión con la música nace desde lo emocional o lo intuitivo, aquí se suma con fuerza el asombro: ese momento en el que uno descubre que el instrumento puede ir mucho más allá de lo que imaginaba. La primera vez que escuché a Neil no solo me impactó su potencia o su precisión, sino la manera en que organizaba su discurso rítmico. Había en su forma de tocar una lógica interna, una arquitectura casi perfecta, donde cada golpe parecía tener un propósito claro dentro de un sistema mucho más amplio. Era, al mismo tiempo, visceral y cerebral. Con el tiempo, ese impacto inicial se transformó en curiosidad y, luego, en estudio. Empecé a desmenuzar sus partes, a intentar comprender sus métricas, sus desplazamientos, su manera de construir fills y de dialogar con la banda. Y en ese proceso descubrí a un músico que no solo dominaba la técnica, sino que también pensaba la batería como un vehículo expresivo total, capaz de sostener, transformar y elevar una composición.

Neil Peart no fue únicamente un baterista extraordinario dentro del rock: hoy es un referente que amplió los límites del instrumento y redefinió su rol dentro de la música popular. En lo personal, su influencia significó abrir una puerta hacia una forma más consciente y profunda de entender el ritmo. Este recorrido busca acercarse, desde una mirada personal, a algunos de los elementos que hacen de su estilo una referencia ineludible para cualquier baterista.