Relajación / Técnica Alexander.

 

La Técnica Alexander es un método práctico y sencillo de educación de la mente y el cuerpo para mejorar el movimiento, el equilibrio y la coordinación. Invita a observarnos y reconocer nuestros patrones de movimiento, enseña cómo el pensamiento influye en el movimiento. Su creador Frederick Matthias Alexander (1869-1955) desarolló la misma en Australia, como un tipo de terapia alternativa basada en la idea de que una mala postura da lugar a una serie de problemas de salud. No es una terapia, ni un ejercicio físico, ni una moda pasajera. Es un proceso educativo que enseña a reconocer y transformar los hábitos inconscientes de tensión que afectan el cuerpo, la respiración, el movimiento y el estado emocional.

La técnica enseña cómo el pensamiento influye en el movimiento y cómo liberarse de las tensiones que surgen de patrones mentales, hace foco en la correcta alineación de la cabeza sobre la columna, buscando un soporte natural y evitando la contracción muscular excesiva. Busca observar y reconocer los patrones de movimiento habituales para cambiarlos por formas más eficientes y menos desgastantes para el cuerpo. Enseña a soltar la rigidez y la tensión que se acumulan en el cuerpo debido a hábitos posturales inadecuados. La técnica no establece conseguir una postura fija, sino que apunta al proceso, el "cómo" realizar las acciones y movimientos de manera más coordinada y con mayor equilibrio.

Actualmente es reconocida en su aplicación a las artes interpretativas (música, teatro, danza), como también en la educación y la salud. Aporta mejor postura, elasticidad y flexibilidad. Mejor manejo del stress y/o pánico escénico. Destinada para quienes trabajan con su cuerpo y necesitan presencia y capacidad de expresión (músicos, actores, bailarines, deportistas), para quienes se presentan en público y necesitan un buen funcionamiento del cuerpo y la voz (docentes, directivos), o para personas que sufren trastornos derivados de una mala postura (tensión, dolor de espalda, cuello o cabeza), etc.

Comparto “El cuerpo recobrado – Introducción a la técnica Alexander” por Michael Gelb, un compendio para mejorar la respiración, la postura y el bienestar. Gelb es un reconocido autor de libros sobre técnicas saludables y su aplicación en diversas disciplinas, destaca esta obra como una introducción clásica al método, que enseña a recuperar un uso más saludable y adecuado del cuerpo a través de la conciencia y la práctica de hábitos corporales correctos.


Consejos del tío Dom...

Dom Famularo (1953-2023)

1. La verdadera práctica es un proceso de reprogramación: todos tienen viejos hábitos, ser conscientes de ellos es muy importante. Estos hábitos a veces sin saberlo impiden desarrollar nuestro potencial. Los malos hábitos deben ser comprendidos, luego en la medida en que los nuevos contextos son aprendidos, el constante refuerzo es necesario para construir nuevos hábitos. Es conveniente pensar en los malos hábitos como “falta de información o desinformación”. Primero se debe ser consciente de las viejas barreras, luego sobrepasarlas y luego construir nuevas habilidades.

2. Lentamente al principio. Tu mente aprende y reprograma hábitos por repetición constante. Cuando se está construyendo una técnica, se reprograma la memoria muscular. Golpes relajados, consistentes y correctos asegurarán que se están reprogramando los viejos hábitos con hábitos nuevos y más efectivos. ¡Practicar despacio en realidad aumenta la velocidad del proceso de aprendizaje!

 3. Usar espejo: Practicar frente a un espejo de pared a pared para observar las propias formas. ¡Te vas a convertir en maestro y estudiante! El estudiante está en el espejo: mira cuidadosamente los que se hace y corregirlo con lo que has aprendido. Enseñarse la técnica a uno mismo puede reforzarte a programarla como un hábito. Esto va tanto para la batería como para pad de práctica. Recordar: La consistencia de cómo te sientas está directamente relacionada con la consistencia de cómo golpeas. Asegúrate de prestar atención a la postura así como a ... ¡siéntate derecho!

4. Usar reloj / importancia del paso / ritmo del tiempo: Cuelga un reloj con una segunda aguja cerca del lugar de ejecución. Asígnale una duración a cada ejercicio. Un minuto por cada ejercicio es recomendable. Esto sirve para dos propósitos. Primero: focalizar en cada patrón el tiempo suficiente como para asistir al proceso de reprogramación en la medida que mejoras tu técnica. La repetición es crucial. Segundo: permitirá administrar tu agenda diaria con un máximo de efectividad. Por ejemplo, si sabes que tienes 20 minutos de práctica, puedes elegir qué ejercicios realizar y saber exactamente cuánto tiempo te llevará cada uno, y de este modo permitirte planificar rutinas de prácticas efectivas a lo largo de la semana.

5. Usar metrónomo: El metrónomo es una herramienta muy efectiva para afinar la sensación / percepción del tiempo. Pero piensa en un metrónomo como en una forma de medir tus mejoras. Puede frustrarte al inicio del aprendizaje de cada ejercicio, pero también te inspirará en la medida en que vayas viendo el incremento del tempo de tus mejoras.

6. Usar registros de audio y video para graficar el progreso. Muchos de estos conceptos están relacionados con el movimiento. Grabarse a uno mismo es la mejor manera de verificar el propio progreso. Mientras que el registro de audio puede dar cuenta de si los patrones son ejecutados en forma relajada, los videos son mejores para tener una imagen global: puedes ver dónde están los puntos de tensión o indicar cualquier otro obstáculo sobre el que se necesite trabajar.

7. Mantenerse relajado todo el tiempo: se debe tratar de obtener relajación completa. Debes parar si hay tensión o esfuerzo durante el ejercicio. Hay una diferencia significativa entre tensión e intensidad. La tensión es la firmeza de los músculos. Intensidad es el compromiso total y focalización total. Uno debe estar relajado para lograr un alto nivel de intensidad

8. Extender y fortalecer: Uno de los objetivos es mejorar la técnica a través del acondicionamiento físico de los músculos. Estirarás para obtener flexibilidad, y fortalecerás para la resistencia y potencia. Aunque deberías estar relajado, recuerda que siempre puedes ir un poco más allá.

9. Concentración. La práctica efectiva requiere concentración total. No deberá haber ningún tipo de distracción. Si practicás en casa, aíslate del teléfono, del resto de la gente, del TV, y cualquier otra interrupción. Asigna un horario de práctica y dedícale tiempo completo a ella. Mantenerse focalizado solamente en el material de práctica es el único modo de adquirir destreza en técnica. La concentración se define como: “fijar la atención” o “focalizar los pensamientos propios”. Sólo con concentración completa podrás maximizar la recompensa de la práctica.

10. Ser paciente: No trates de apresurar el aprendizaje del material. Lleva tiempo dominar los conceptos. Digiere el material poco a poco, y sé paciente contigo mismo.

 11. Buscar un profesor para la guía personal de tus talentos, asistir a espectáculos de batería y percusión incluidos aquellos ejecutantes que no te son conocidos. Pregunta y aprovecha todas las oportunidades para aprender.

12. Ser ambidextro: La mayoría de los ejercicios son indicados para comenzar a trabajar con la mano fuerte, después invertir el liderazgo del ejercicio comenzando con la mano más débil.

Relajación muscular progresiva (RMP).

 

En clases siempre estamos hablando de relax, pero generalmente carecen las indicaciones para llegar a ese estado ideal. La relajación muscular progresiva (RMP) es un método para la relajación muscular profunda desarrollada por el médico estadounidense Edmund Jacobson presentada por primera vez a principios del siglo XX en la Universidad de Harvard. En 1929 publicó su libro “Progressive Relaxation” con un procedimiento detallado para eliminar la tensión muscular, basado en la premisa que la tensión muscular es la respuesta psicológica del cuerpo a los estados que provocan ansiedad, nerviosismo, preocupación y otros síntomas. Reduciendo al máximo la tonicidad muscular, puede conseguirse desactivar el sistema nervioso para una posterior sensación de calma y tranquilidad. La RMP consiste en dividir el cuerpo humano en distintos grupos musculares aprendiendo a aplicar ciclos de tensión - relajación, tomando conciencia del contraste y dirigiendo la atención en las diferencias experimentadas durante un estado y otro. El método contiene tres fases:

1. Tensión / Relajación. La primera fase trata de tensionar y luego de relajar diferentes grupos de músculos en todo su cuerpo, con el fin de aprender a reconocer la diferencia existente entre un estado de tensión y otro de relajación muscular. Esto permite el logro de un estado de relajación muscular que progresivamente se generaliza a todo su cuerpo. Se debe tensionar varios segundos entre cinco y diez minutos y relajar lentamente.
2. Verificación: La segunda fase consiste en revisar mentalmente los grupos de músculos, comprobando que se han relajado al máximo.
3. Relajación mental: En la tercera fase debemos pensar en una escena agradable y positiva, o en mantener la mente en blanco, el relax de la mente continúa relajando todo su cuerpo.

En resumen, la Técnica de Relajación de Jacobson es una herramienta efectiva para promover la relajación, reducir el estrés y la ansiedad, y mejorar la conciencia corporal mediante la práctica sistemática de la tensión y relajación de los músculos. 



Tres videos explicativos niveles principiante, intermedio, y avanzado.




¡Batallando el monstruo de dos cabezas!

Su nombre es Error y Paciencia

"No le temas a los errores, allí no hay ninguno” dijo alguna vez el gran  Miles Davis. Hablar del error humano pienso que es un tema exclusivo de Dios, y reservado para los profesionales de la psiquis (donde a veces también se equivocan). No soy profesional de la psicología, pero sí curioso en cosas y detalles de todos los días, así que después de husmear por allí y por allá, este posteo debe interpretarse como “consejos a aplicar en cualquier instante de la vida de un estudiante de batería”.

El error es una acción realizada en forma indebida o imprudente que genera momentos incómodos. Los errores tienen en común que son accidentales e involuntarios. Algunas personas cuentan con características que las hacen más proclives a sufrir ante el fallo. Una tendencia perfeccionista, una personalidad rígida y una alta intolerancia a la frustración son algunos de los ingredientes principales del miedo al fracaso. Una exigencia excesiva conduce a vivir en una prisión mental donde nuestra voz interna es el crítico más feroz. Quien no permite equivocarse, limita su libertad. Cada actividad es una prueba en lugar de una aventura, y cada error, un gran fracaso personal. Lo más importante es que debemos aprender a observar los errores como oportunidades y no como fracasos, un cambio de perspectiva es suficiente para mejorar significativamente nuestra actitud.

No permitir que gane la ansiedad. La ansiedad se ve reflejada en una especie de temor que podemos alcanzar ante el error, la acción tiene en su ADN un componente trunco que impedirá su realización. Las cosas no necesariamente tienen que salir mal solo por el hecho de pensar que así será. Los pensamientos no siempre determinan las acciones. Debemos confiar en nuestras capacidades y realizar la actividad como entendemos hacerla, aunque no se encuentre libre de imperfecciones.
Evitar actuar precipitadamente. Actuar de manera arrebatada dificulta el proceso de aprendizaje sobre el error, si actuamos así, no tenemos margen ni tiempo de evaluar adecuadamente los motivos que nos llevaron a incurrir en la equivocación.
Regular el nivel de auto exigencia. Cuando existe una actitud de perfeccionismo extremo, no toleramos las equivocaciones y como consecuencia de ello, evitamos pensar en ellos. Este es uno de los puntos más complejos de aprender, dado que no siempre resulta fácil dejar de sentir malestar ante la idea de crear algo con ciertos defectos.
Ser autocrítico. La autocrítica saludable es indispensable para lograr aprender de nuestros errores. Cuando empleamos la autocrítica, estamos de alguna manera haciendo una evaluación objetiva de nuestra propia persona de nuestras virtudes y puntos a corregir. Aprender de la situación, analizar qué podemos hacer distinto y, como último paso, hacerlo. Resolver lo posible y lo que no se pueda, aceptarlo y dejarlo estar…


La paciencia es la facultad de esperar sin sentir ansiedad, sin apurar los procesos con el tiempo necesario para realizar cada acción. La paciencia no es pasividad, es una virtud activa que ayuda a mantener la serenidad en los momentos difíciles y sobre todo, el saber esperar ante el deseo. El tiempo debe transcurrir naturalmente porque para un resultado favorable, las cosas requieren su correspondiente tiempo de madurez. La paciencia proviene de las palabras paz y ciencia: la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse, la habilidad para hacer cosas pesadas o minuciosas. Hacer algo con lentitud para mejorar su realización, el dominio de uno mismo. Pero no vamos a restringir la paciencia a nuestro espacio íntimo de estudio, si incluimos nuestras actividades grupales y sociales, la paciencia puede comprenderse de diversas formas y situaciones:

Perseverancia. El talento para resistir situaciones lentas de espera prolongada como pueden ser trámites, salas de espera (médico o ensayo), o la tardanza de un transporte es una de las formas principales de ejercerla. Las personas pacientes no desesperan frente a estas situaciones, comprendiendo que frustrarse y abandonar antes de tiempo no llevará a cruzar la meta. En cambio, insistir en su cometido a pesar de lo molesto de la espera, eventualmente dará lo que buscan.
Tolerancia. Otra forma valiosa es la exhibida ante conductas irritantes, molestas o contrarias de otros individuos. En lugar de enojarse, molestarse o emprender peleas inútiles (por lo general no resuelven nada), las personas pacientes toleran el disenso dejando que el otro pueda expresarse a pesar de no estar de acuerdo, o bien, esperar al momento adecuado para opinar. De esta forma, la paciencia conduce a la asertividad (habilidad que permite expresarse de manera adecuada, sin agresividad ni hostilidad frente a otro).
Autocontrol. Otro caso de paciencia es cuando nos vemos forzados a postergar algo que deseamos mucho, cuando no llega de inmediato una información o frente a una situación estresante. La paciencia puede imponerse como método y permitirnos llegar con la cabeza fría hacia nuestro objetivo. Es decir, la paciencia consiste en aguardar el momento perfecto para acometer la acción deseada.

Mi entrañable maestro Juan Carlos Lícari enseñaba que ante cualquier nuevo desafío, debíamos ejercer la paciencia en forma oriental. Por eso, hablando de orientales, comparto una experiencia que cambió radicalmente mí óptica sobre la cuestión. Hace algunos años tuve un alumno llamado Gerardo que además de buena persona y baterista formado, era un practicante muy avanzado en Tai Chi. En aquel momento había asistido a un par de clases cerca de casa, encontrándome completamente fascinado por las similitudes encontradas con los consejos de mis maestros para depurar movimientos, posturas y habilidades. Gerardo generosamente, aclaró algunos de mis interrogantes de mi condición de novato, así que esos encuentros del tipo “Tai Chi Groover” fueron de muchísimo aprendizaje para ambos. Finalizada una clase, me cuenta una historia: “Tenía muchas ganas de aprender con un notable maestro chino y en una visita que realizó a nuestra escuela, le manifesté mi ardiente deseo de formarme con él. Sorpresivamente, no tuve respuesta alguna, me ignoró completamente tras el escaneado de arriba, abajo y viceversa. Volví a casa algo deprimido por lo acontecido, y decidí continuar por las mías sin perder la esperanza de una nueva oportunidad. Pasaron diez años y volvimos a encontrarnos, y ante el temor de un nuevo rechazo, mi actitud fue de súplica para que me admitiese como su discípulo. Aquel viejo sabio no solo pronunció mi nombre con dificultad, sino que ahora aceptaba ser mi maestro porque había comprendido realmente el significado de la paciencia”.

“Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo”.
Eclesiastés 3:1 - Nueva Biblia Latinoamericana.