Bembé Groovy.


El término bembé tiene múltiples significados que abarcan desde la tradición espiritual afrocaribeña hasta su proyección en la música popular contemporánea. En su origen, se trata de una celebración religiosa vinculada a la cultura yoruba - presente en prácticas como la Santería - en Cuba y otras regiones del Caribe. Estas ceremonias se realizan para rendir homenaje a las deidades conocidas como Orishas, mediante cantos, danzas y complejos toques de tambor. El bembé puede desarrollarse tanto en un contexto estrictamente ritual como en una instancia más abierta y “profana”, de carácter público y festivo. En ambos casos, se destaca la fuerte impronta yoruba, especialmente en el uso de los tambores batá e iyesá, cuyos patrones rítmicos estructuran la comunicación simbólica con lo sagrado. A su vez, la influencia bantú constituye otra raíz fundamental dentro del entramado cultural afro-cubano, manifestándose en tradiciones como la makuta y la yuka. Estas expresiones se vinculan con sociedades de origen africano como la carabalí, de la cual deriva la hermandad abakuá (también conocida como ñáñigo), portadora de un lenguaje rítmico, simbólico y social propio.

La incorporación de la batería al lenguaje del bembé es un fenómeno relativamente reciente, que comienza a desarrollarse hacia fines de los años 60 y principios de los 70. Este proceso se da en paralelo a la evolución de géneros como el jazz-rock en Estados Unidos, donde la batería adquiere un rol protagónico en la reinterpretación de tradiciones rítmicas afrodescendientes. En Cuba, un ejemplo clave de esta síntesis es la agrupación Los Van Van, que marcó un punto de inflexión al integrar elementos del folclore afrocubano con sonoridades modernas. En este contexto, resulta fundamental la figura del baterista José Luis "Changuito" Quintana, quien desarrolló un lenguaje innovador al adaptar patrones tradicionales a la batería, fusionando la lógica del tambor con la estética del funk. Estas músicas trascendieron su marco religioso original y se expandieron globalmente, influyendo en numerosos artistas y movimientos. Entre ellos se destacan figuras como Chano Pozo, pionero en la integración de ritmos afrocubanos en el jazz junto a Dizzy Gillespie; Tito Puente, referente del mambo y el latin jazz; Carlos Patato Valdés; Los Muñequitos de Matanzas; Arsenio Rodríguez; Gonzalo Rubalcaba; el Septeto Habanero y el proyecto Buena Vista Social Club, entre muchos otros.

Por otra parte, el baterista estadounidense David Garibaldi (Tower of Power) desarrolla en su libro “Future Sounds” una profunda investigación sobre la aplicación del concepto matemático de permutación al ámbito rítmico. Esta herramienta resulta sumamente eficaz en la creación de nuevos patrones, dado que permite reorganizar el orden de los elementos dentro del conjunto o estructura. En nuestro caso, puede traducirse como la reinterpretación del patrón tradicional en tambor mediante la reasignación de sus figuras en el bombo, generando combinaciones de una o dos notas que transforman la percepción del groove. El sistema se completa con la utilización de ostinatos para el ride (shuffle y desplazamiento ternario de tres figuras, junto a variaciones para hi-hat. Lo más interesante de este enfoque es que durante el proceso de desarrollo, el “ADN africano” del patrón original permanece latente. Esto permite que, aun en medio de transformaciones complejas, emerjan distintos “destellos” o referencias a ritmos presentes en múltiples estilos afroamericanos. De este modo, la permutación no solo funciona como un recurso técnico, sino también como un puente entre tradición e innovación, conectando lenguajes aparentemente distantes a través de una raíz rítmica común.


Latin Stick Control.

El clásico “Stick Control” es uno de los textos más influyentes y fundamentales en la formación de cualquier baterista, en lo que respecta al desarrollo técnico de las manos. Su contenido permite generar innumerables variantes de interpretación, muchas de las cuales encuentran una aplicación eficaz en el ámbito de la coordinación. En esta ocasión, se presenta una rutina de ejercicios basada en formas representativas de la música latinoamericana, tales como samba, baião, candombe y ritmos afrocubanos. La versión propuesta incluye los primeros trece ejercicios del capítulo "Single Beat Combinations", ya que constituyen el abecedario de digitaciones que todo percusionista debe aprender y dominar:

a) Single Stroke Roll: RLRL RLRL / LRLR LRLR.
b) Double Stroke Roll: RRLL RRLL / LLRR LLRR.
c) Single Paradiddle: RLRR LRLL, Inward Paradiddle (RLLR LRRL), 
Reverse Paradiddle (RRLR LLRL) y Backward Paradiddle (RLRL LRLR).
d) Secuencia de 3 notas: RRRL, LLLR, RLLL, LRRR.
e) Grupos de 4 figuras: RRRR, LLLL.

Agregamos las variantes incluidas por el Dr. John Wooton en sus libros:

f) Inverted Double Stroke: RLLR RLLR.
g) Desplazamiento rítmico producido por grupos de tres notas: RRL y RLL.

La propuesta consiste en interpretar las 19 digitaciones sobre los ostinatos inferiores de los estilos mencionados. La idea no es abordarlas de manera mecánica, sino lograr ejecuciones fluidas, con claridad sonora, movimientos elásticos y precisos, y un balance adecuado entre los distintos elementos. Esta ejercitación constituye una herramienta muy útil para acceder a la complejidad manifiesta en los ritmos latinos. Comenzar a tempo lento e incrementar la velocidad de manera gradual (máximo: 5 puntos por repetición).


Razones para estudiar música.


Desarrolla la inteligencia emocional. La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer tanto los sentimientos propios como los ajenos. Las personas que la poseen pueden motivar y motivarse, así como manejar adecuadamente las relaciones. En este sentido, la música se convierte en uno de los mecanismos más útiles para expresar emociones propias y ajenas. Crea situaciones y ambientes capaces de motivar a muchas personas e incluso puede ayudar a los oyentes a entender o gestionar mejor lo que sienten. La música involucra emociones, y eso es un hecho. Según la psicología, fomenta la expresividad y la imaginación. Por eso, estudiar música crea un vínculo entre las emociones y el arte; es tan fuerte esta relación que muchísimos artistas la utilizan como forma de expresarse a través de obras muy personales.
Mejora la disciplina. Estudiar música es una carrera de fondo: requiere constancia y dedicación, lo que, con el tiempo, desarrolla en el artista una disciplina que otras artes no siempre proporcionan. Aprender a tocar y leer música, por ejemplo, no es ni rápido ni fácil, y exige una gran concentración mental.
Estimula la creatividad y la expresión. Hacer música implica crear, escribir, interpretar y leer, y todo esto lleva al artista a mirar desde diferentes perspectivas. Las y los músicos tienen la misión de derribar barreras impuestas por la mente y ver más allá de lo ya creado. Estudiar una formación enfocada en la música favorece el autoconocimiento, ya que obliga al artista a expresar sus ideas y pensamientos a través de ella, incrementando así su capacidad de producir canciones y melodías.
Empatía. La música es un idioma universal, capaz de conectar a las personas sin importar su procedencia. Pocas disciplinas artísticas tienen el poder de reunir a tantas personas en un mismo espacio como lo hace un concierto. Es interesante cómo emociona escuchar una canción y encontrar a alguien que la conozca y sea tan fan del artista como uno. Además, al explorar sentimientos y situaciones, la música facilita la empatía con los demás. Incluso, en ocasiones, es más sencillo expresar lo que se siente con una canción que con palabras.
Mejora el oído musical. Según el músico y pedagogo Edgar Willems, tener oído musical significa poseer “la habilidad de comprender auditivamente todos los elementos que constituyen el discurso musical”. En este sentido, cuanto más se trabaja con música, más fácil resulta identificar notas, melodías y sonidos que forman parte de una obra. También ayuda a crear: permite reconocer qué notas combinan entre sí y desarrollar nuevas melodías y canciones.
Aumenta la inteligencia y la capacidad cerebral. Al escuchar o producir música, el cuerpo libera dopamina, el neurotransmisor asociado al bienestar. Además, diversos estudios han demostrado que dominar un instrumento musical, saber leer partituras y estudiar música mejora considerablemente la capacidad cerebral. De manera similar a lo que ocurre al aprender un segundo o tercer idioma, luego resulta más sencillo adquirir nuevos conocimientos.

Conociendo a Gary Chester.

 

En la vida de cualquier baterista hay momentos que representan un antes y un después, y hoy hablaremos del “New Breed”…

Gary Chester (Cesario Gurciullo, 1924-1987) fue baterista de estudio y referente de la escena musical de Nueva York entre los años 60 y 70, su ecléctico estilo lo llevó a grabar con infinidad de artistas que incluyen Burt Bacharach, Tony Bennet, Willie Bobo, Cab Caloway, Jim Croce, The Coasters, Sammy Davis Jr, Ben E. King, The Lovin' Spoonful, George Maharis, Barry Mann, The Monkees, Wilson Pickett, Frank Sinatra, Barbara Streisand, Carl Tjader, Dionne Warwick y Dinah Washington por citar algunos de los cientos. Reconocido por su precisión extrema, versatilidad y musicalidad, una afección de espalda por exceso lo condujo a retirarse de las grabaciones para concentrarse en la docencia con su particular visión. Durante los primeros años de enseñanza notó que muchos bateristas tenían buena técnica, pero carecían de una real independencia entre pies y manos. Esto llevó a diseñar su propio sistema “The New Breed”, pensando en una “nueva generación” de bateristas que pudiesen leer música con fluidez, contar con independencia total de las extremidades, y poder adaptarse a cualquier estilo profesionalmente. Entre sus alumnos más destacados figuran Chris Adams, Kenny Aronoff, Dave Beal, Tony Cruz, Gary Gibbons, Danny Gottlieb, Corey Roberts, Tico Torres, Dave Weckl y Max Weinberg. En 1985 publica el primer volumen, convirtiéndose rápidamente en un estándar en la educación moderna de la batería por su enfoque mental + físico. Volvamos para el sur del mundo en 1991…

Mi biblioteca de entonces contenía los métodos “Realistick Rock” - Carmine Appice, “Introducción al Rock” - Oscar D’Auria, “Nueva Proyección Rítmica aplicada al Rock” y “Tsunami” - Horacio Gianello, “Syncopation” - Ted Reed, y el “Método Práctico de Lectura Musical para el Tambor” de Juan Carlos Lícari, más muchas fotocopias y apuntes indispensables. Junto a mi maestro Juan Ángel López había desarrollado los ejercicios finales del Syncopation aplicado al swing, otros estilos y aspectos rudimentales. Destaco esta experiencia previa con el método de interpretación del maestro Alan Dawson, porque el formato de trabajo es similar en ambos títulos (Chester y Reed), por ende, la modalidad “ostinato + melodía” representó una situación familiar hasta que llegó el momento de cantar los diferentes elementos. En mi opinión, Gary Chester tiene una enorme particularidad sobre cualquier otro método: mientras la mayoría muestra qué debe hacerse, el NB guía cómo hacer las cosas.


Orientado fundamentalmente para el músico de estudio, el concepto del NB está orientado al fortalecimiento físico, mental e interpretativo. Desarrolla lectura, internalización del tempo, y coordinación ambidextra a cinco elementos (extremidades + voz). Presenta sistemas de coordinación (tres partes de un ritmo) para tocar la melodía con una cuarta extremidad; propone cantar la función de cada extremidad (vocalización rítmica) para “entrenar los oídos y comprender lo que uno hace”. Todas las partes del pulso deben entenderse cantando la negra, el contratiempo, los tiempos fuertes o la melodía junto al metrónomo. “Si no puede cantarlo, no lo entendió” (GC). Las melodías están separadas por grado de dificultad:

Melody I:
Efectividad en mitades de pulso...
Melody II:
Efectividad en 2º y 4º semicorchea...
Melody III:
Efectividad en el espacio de la secuencia figura - silencio - figura...
Melody IV:
Efectividad en la secuencia figura - figura - silencio...
Melody V:
Efectividad en grupos de tres y cuatro notas.

La segunda sección del libro “Advanced Systems” traspasa la barrera de lo anterior con saberes sobre la concentración, la confidencia de verdades “bateristicas”, afinación del set, particularidades de la lectura, la importancia de oír todo tipo de música y músicos, animándonos a desarrollarnos creativamente constantemente. Para la composición de ideas desarrolla el concepto del patrón fijo (bass line) que utiliza al bombo o tambor como voz líder del sistema, es decir, el bombo realiza el bass line, el tambor interpreta las melodías, o viceversa. Este capítulo final representa la antesala del siguiente volumen...


Un verano de 1997, caminando por la Rúa Teodoro Sampaio en San Pablo (la Talcahuano paulista), la vidriera de la librería musical “Blue Note” lo exhibía como novedad en mercado. Como no tenía la más remota idea de su existencia, al igual que Charly García y la pileta en Mendoza, me lancé a comprarlo. Comencé a leerlo y un “cartelón” en su página 8 declara sin piedad: “Este es un libro muy avanzado”. Más que un libro de ejercicios, es un método para reprogramar tu cerebro como baterista. La idea central es: Independizar completamente cada acción extremidad manteniendo una estructura musical coherente. Su coautora Chris Adams recomienda estudiar el NB1 previamente para familiarizarse con la metodología, o bien, el maestro Gustavo Meli indica que puede ser su complemento.

El primer sistema “Broken” presenta un sticking entre ride y tambor, upbeats en hi hat con el bombo la melodía demandando una interpretación “tipo láser” sobre los espacios de tiempo, y con los unísonos producidos en cualquier lugar de la subdivisión. Debe realizarse sobre cuatro perfiles de interpretación:

a. Perfil natural (Broken 1: diestro).
b. Pies diestros, manos zurdas (Broken 2).
c. Pies zurdos, manos diestras (Broken 3).
d. Perfil contrario (Broken 4, todo zurdo).


La versión final del sistema (Broken 5) incluye un patrón específico para el hi hat, debiendo ser realizado en el perfil contrario (Broken 6).


Completa su contenido con melodías específicas para cada sistema y ejemplos “bonus”, amplía el recurso “bass line” con diferentes patrones rítmicos (página 46) para componer nuevas ideas o modificar las existentes sobre distintos estilos, incluyendo métricas irregulares y posibilidades ternarias. En otras palabras, el objetivo del New Breed I es construir una independencia real enseñando a coordinar, leer e interpretar con formación estructural. El NB II es una expansión total del método, enseña a reorganizar todo lo aprendido y llevarlo a contextos extremos sin perder el control. Reservado para quienes buscan hacer realidad la declaración de su portada: Independencia, Innovación e Inspiración. Como expresa el maestro Daniel Gilardi: “NB II es el libro que muestra todo lo que falta como baterista”.

¡Te fuiste a vivir muy lejos para tomar clase! Es lo que me dicen a menudo y por eso, te cuento: el Ferrocarril Roca en su trayecto Pza. Constitución - Alejandro Korn tarda una hora aproximadamente en completar el recorrido (45 km.), trece estaciones separan ambas cabeceras. Además de disfrutar del colorido paisaje del “conurban south”, intentarán venderte chipá, auriculares manos libres, "Nucrem" en lugar de "Mantecol" y otras cosas de dudosa procedencia con “música ambiental selecta” para la ocasión. Venir hasta aquí y tocar + leer + cantar con mis perros haciendo lío alrededor, hace del viaje una verdadera pavada en cuestiones de enfoque, paciencia y tolerancia ¡Animate! canta Rush…

¡El verdadero “Warm Up” de sus libros está en los rieles que te traen al DdC!

Y la sonrisa de cumpleaños... ¡No te la borra nadie!

PD: Frente a la estación está la panadería “La Espiga”, una parada obligada para quienes no estudiaron como corresponde (cobro coima), o para almas bondadosas que miman al "profe" con los mates que acompañarán al New Breed...