
Podemos observar que las ocho células ternarias presentadas anteriormente permiten el crecimiento con creces de nuestro rol de acompañamiento, pero la escasa cantidad de figuras por pulso, limitan nuestras posibilidades de futuras orquestaciones en materia de fills, o de ampliar su número para futuros “grooves”. Incorporando la subdivisión de semicorcheas en la partición ternaria, su permutación matemática sobre seis unidades añade treinta y dos nuevas formas conformando un total de cincuenta y seis células rítmicas para nuestra expresión.
