Consejos del Tío Dom...

Dom Famularo (1953 - 2023)

1. La práctica como reprogramación. La verdadera práctica es un proceso de reprogramación. Todos tenemos hábitos adquiridos, y ser conscientes de ellos es fundamental, ya que muchas veces —sin saberlo— limitan nuestro desarrollo.Es útil entender los “malos hábitos” como falta de información o desinformación. Primero hay que identificarlos, luego superarlos y, finalmente, construir nuevas habilidades. Esto requiere refuerzo constante a medida que se incorporan nuevos contextos.
2. Ir lento al principio. La mente aprende y reprograma hábitos a través de la repetición constante. Al construir una técnica, estamos trabajando sobre la memoria muscular. Golpes relajados, consistentes y correctos permiten reemplazar viejos hábitos por otros más eficientes. Practicar despacio, lejos de retrasar el proceso, lo acelera.
3. Usar un espejo. Practicar frente a un espejo permite observar las propias formas. En ese momento sos maestro y estudiante al mismo tiempo. El “estudiante” está en el espejo: observá con atención lo que hacés y corregilo a partir de lo aprendido. Enseñarte a vos mismo refuerza la incorporación de la técnica como hábito. Esto aplica tanto a la batería como al pad de práctica. Recordá: la consistencia en la forma de sentarte está directamente relacionada con la consistencia de tu ejecución. Prestá atención a la postura. Sentarse derecho.
4. Usar reloj. Colocá un reloj con segundero visible cerca de tu lugar de práctica. Asigná una duración a cada ejercicio (por ejemplo, un minuto por patrón). Esto cumple dos funciones: 1) Permite sostener el tiempo suficiente cada ejercicio para favorecer la reprogramación.2) Ayuda a organizar tu práctica de manera eficiente. Si tenés, por ejemplo, 20 minutos, podés planificar exactamente qué hacer y cuánto tiempo dedicar a cada punto.
5. Usar metrónomo. El metrónomo es una herramienta fundamental para desarrollar la percepción del tiempo. Pensarlo también como una referencia de progreso: al principio puede generar frustración, pero con el tiempo se convierte en una guía que evidencia tus mejoras.
6. Registrarse (audio y video). Grabar la práctica es una de las mejores formas de evaluar el progreso.
El audio permite analizar la relajación y la consistencia del sonido. El video, en cambio, brinda una visión más completa: ayuda a detectar tensiones, posturas incorrectas u otros obstáculos técnicos.
7. Mantenerse relajado. La relajación es clave. Si aparece tensión o esfuerzo excesivo, es necesario detenerse. Existe una diferencia importante entre tensión e intensidad: Tensión: rigidez muscular innecesaria. Intensidad: compromiso y concentración total.
8. Extender y fortalecer. El desarrollo técnico también implica acondicionamiento físico. Es importante trabajar la flexibilidad (estiramiento) y la resistencia (fortalecimiento). Aunque la base sea la relajación, siempre se puede avanzar un poco más en el desarrollo físico de manera consciente.
9. Concentración. La práctica efectiva requiere concentración total. Evitá distracciones: teléfono, televisión, interrupciones. Asigná un horario y respetalo. La concentración implica fijar la atención y dirigir los pensamientos hacia una única tarea. Solo así se logra desarrollar verdadera destreza.
10. Paciencia. No intentes apresurar el aprendizaje. Los procesos llevan tiempo. Incorporá el material de a poco y sé paciente con vos mismo. La evolución real no es inmediata, pero es sólida.
11. Buscar guía y experiencias. Contar con un profesor es fundamental para orientar el desarrollo personal. Además, asistir a conciertos y observar a otros músicos —incluso desconocidos— amplía la mirada. Preguntar y aprovechar cada oportunidad de aprendizaje es parte del camino.
12. Desarrollar la ambidestreza. Muchos ejercicios comienzan con la mano dominante. Es importante invertir el liderazgo y trabajar también con la mano no dominante. Esto equilibra el desarrollo técnico y amplía las posibilidades de ejecución.