
Uno de los principales
desafíos que enfrentamos en las primeras etapas de la coordinación en batería
es la interpretación del bombo de forma independiente al trabajo de las manos.
Cuando abordamos un ritmo en 4/4, son relativamente pocos los casos en los que
esta integración se logra de manera completamente sólida. Con frecuencia, las
notas del bombo aparecen imprecisas en los unísonos (lo que solemos llamar
“mordidas”), desplazadas respecto del pulso o con una dinámica inconsistente. Para resolver estas dificultades,
resulta clave desarrollar una percepción más profunda del pulso y de todo lo
que ocurre a su alrededor. Si bien cada elemento del ritmo cumple un rol
fundamental, podemos pensar en el bombo como elemento significativo en nuestra musicalidad (un 50%), donde cada nota es importante desde la primera hasta la última(Rick Latham).
El concepto de “layering” (superposición de capas) o división conjunta consiste en una constante (ostinato) mientras las demás extremidades desarrollan distintas combinaciones rítmicas. El maestro Gary Chaffee, en su libro Patterns III – Time Functioning, sistematiza este enfoque presentando las distintas posibilidades para rock, pop, funk y fusión, incluyendo también sus equivalentes ternarios. A partir de este enfoque, una estrategia efectiva es focalizar (con “mirada láser”) la interpretación de una figura: cinco binarias (más sus silencios) y cuatro ternarias. Este recorte permite organizar el estudio haciéndolo más consciente y progresivo.
Los esquemas están diseñados sobre dos pulsos con los ostinatos básicos (semicorcheas, corcheas, negras y contratiempos) en hi hat, y tambor acentuado en 2° tiempo. Los acentos en la conducción deben pensarse como ligeros énfasis sobre determinadas notas. Los ejemplos ternarios incorporan las constantes de blues, shuffle, y figura de negra con puntillo. Comenzar contando en voz alta la subdivisión correspondiente, e incorporar el bombo en forma lenta. Es fundamental asegurarse que la interpretación coincida con la cuenta priorizando la precisión. Luego, agregar el tambor en el segundo tiempo (backbeat) para finalizar con el ostinato. Es importante notar que este enfoque propone una construcción ascendente desde lo mínimo hasta completar el sistema, en lugar de intentar resolver todo simultáneamente desde el inicio. Este cambio de dirección favorece los procesos de integración, consolidación y reproducción del material. Luego de las posibilidades básicas, el bombo recorre las combinaciones posibles, manteniendo fijo el primer tiempo con el segundo permutando las figuras restantes. En el DdC, llamamos a estas combinaciones “puntos de resolución no negociables”, ya que su dominio garantiza la base sólida para abordar contextos rítmicos más complejos. Tocar cada ejercicio durante tres minutos. Una vez completado cada ciclo, trasladar el ostinato al ride e incorporar variaciones de hi-hat “pisado” (2° tiempo, negras, corcheas y upbeats), completando así la coordinación a cinco elementos (extremidades + voz).
Por último, imprimir y dedicar el tiempo necesario a cada posibilidad. Una vez afianzadas, ampliar con las combinaciones de mayor cantidad de figuras (Chaffee) ,e incorporar materiales más avanzados como New Breed o Syncopation de Ted Reed. En definitiva, el objetivo es claro: sumar capas consciente y progresivamente.
