Neil Peart (Informe + transcripciones).

 

Buenos Aires, Argentina, año 1980...
Barrio de Belgrano, caserón de tejas…

Para quienes gustamos investigar sobre música, cuatro décadas atrás teníamos que rebuscárnosla con la “poca” información disponible. Nuestras vitaminas artísticas llegaban a través de algún programa de radio como “El Tren Fanstama”, las revistas nacionales “Pelo”, “Expreso Imaginario”, "Mordisco" o alguna que otra revista importada (Modern Drummer entre otras) esperando ser comprada en algún kiosquito de la calle Florida. Además de la concurrencia a todo recital posible de nuestros admirados grupos (Alas, Invisible, La Máquina de Hacer Pájaros, El Reloj), en lo personal perdí la cuenta de las idas al cine a ver “Woodstock”, “Tommy” (The Who), “The Song Remains The Same” (Led Zeppelin) o cagarse de frío haciendo fila para ver “Kiss contra los Fantasmas”. Era validar nuestra interpretación y aprender de esos grandes, sumando la increíble cantidad de shows en vivo, no había mucho más...

Pero alguien con un poco de materia gris, pensó que proyectar videos de bandas extranjeras podía dejar unos buenos dividendos a sus arcas, así que alquilaban un teatro y la sala siempre colmada. Un sábado de trasnoche, después de Jethro Tull (junto a Marc Craney, único baterista estadounidense en su historia), tuve la oportunidad de ver una banda con un guitarrista rubio, un bajista muy narigón, y un bigotudo en la batería que me dejó estampado en la butaca. Finalizada la función, comencé a preguntar quiénes eran, y nadie supo decir...

Al día siguiente aún conmocionado, recorrí en “fast tempo” las cuatro cuadras que nos separaban de mi amigo Didi Gauna para comentarle lo acontecido. El tipo con cara de “tranquilo pibe”, remueve su colección y saca un disco comprado días antes: RUSH – A Farewell to Kings… “¿Son estos?” Y se repitieron las mismas sensaciones de la noche anterior con la avalancha de riffs, métricas y climas. A partir de allí, no pude separarme más. Recuerdo los retos de mi mamá por quedarme hasta tarde con los auriculares, y los primeros intentos de poder tocar algunas de esas partes. Pasan los años y seguimos (porque somos muchos) pensando que cada día suenan mejor.

El 7/1 /2022 nos enteramos de su gira final, y nos llegó la pandemia del covid 19 con tiempo demás para reivindicar su arte y legado...

Para quienes somos bateristas,
es un referente infaltable e indiscutido para nuestro aprendizaje.
Si no se conoce aún,
debe ser un referente infaltable e indiscutido en tu formación.
El porqué es entendido al escuchar.

Este escrito fue publicado originalmente en el año 2004 para el portal Drumsweb! cuando Internet recién llegaba a nuestras casas. Con el “update” correspondiente, las 32 páginas contienen datos biográficos, reconocimientos, publicidades, humor, equipamientos y algunas transcripciones para acercarnos y entender un poco más el lado intelectual e interpretativo del maestro. Pido disculpas si fallo en algunas, es lo que transmitieron los Tres Chiflados canadienses que hacen tan feliz nuestras vidas. ¡Disfrútenlo!